CELTIBERIA, REALIDAD

CULTURAL

 

 

LAS BOLITAS DE LA SUERTE

 

 

 

Un amigo arévaco, afín por su apasionamiento a los enigmas de Celtiberia, puso en mis manos -y mi corazón- el lazo más significativo con mis antepasados que he palpado en estos tiempos. Él, acostumbra periódicamente a pasearse por el entorno de Numancia para facilitarse un encuentro astral con nuestros muertos. A veces lo hace coincidir con el arado que revuelve la vieja esencia terrenal. Después de unas leves lluvias sobre el terreno removido, las piedras afloran con su color y su mensaje. Con los dedos trémulos apreté la mano y, durante unas horas, intenté hablar con el primitivo dueño y empaparme de su energía, al tiempo que con mi sudor emocionado humedecía la superficie de la esfera para hacer más visibles sus rasgos a los ojos de la cámara.

 

La “bolita” es de arcilla roja cocida. Ronda los cuatro centímetros de diámetro y pesa, exactamente, veinticinco gramos. Está dividida en sus cuatro cuadrantes, iguales en la intención, por medio de una línea discontinua trazada con gran precisión, posiblemente, con un peine de cinco dientes iguales, de grosor tan fino como el de una cuchilla de afeitar.

 

En cada cuadrante se disponen en línea varios círculos, compuestos a su vez por dos círculos concéntricos. Aparecen, de forma aleatoria o intencionada, en líneas de tres-tres-cuatro-cuatro. Los círculos son también de tal precisión y regularidad que hacen pensar en el molde empleado para su realización (dos paredes muy finas). Estos, considerados como símbolos solares, se repiten de forma frecuente en grabados, cerámicas y fíbulas.

 

Este hallazgo confirma la profusión y el uso costumbrita de este tipo de amuletos que aparecen con relativa frecuencia en enclaves celtíberos, especialmente en el entorno numantino.

 

Se ha tratado de identificarlos con el juego de las canicas aunque el tamaño y el tipo desgaste que muestran las piezas encontradas no lo hacen verosímil. Se ha pensado en otros juegos de azar o de adivinación. Se les atribuyen códigos esotéricos, astrales, encantaciones mágico-funerarias, atributos de índole inmunitaria o medicinal (aún hay memoria de estos tipos de amuletos en algunos lugares), y de código identificativo, personal o tribal, de sus portadores. También se supone que los guerreros celtíberos las portaban con ellos como talismán o protección.

 

Existen, y están recogidas en los museos, diversas variantes en formas y tamaños. Entre ellas las hay huecas y en su interior baila un objeto como en un sonajero, siempre grabadas con líneas discontinuas a modo de meridianos. Esta variante se suscribe, de momento, únicamente a Numancia.

 

 

 

 

Santy San Esteban

 

 

 

 

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